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Jana Beris
BBC, Jerusalén

 

"El Papa me salvó"

Edith Tsirer, ciudadana israelí residente en Haifa, fue salvada de niña en 1945, por el entonces sacerdote Karol Wojtyla, apenas salió del campo de concentración nazi en Polonia.


Edith Tsirer volvió a encontrarse con el Papa en el Museo del Holocausto.

"Ya entonces estaba claro que era una persona especial. Para mí, fue como un ángel. Y me alegra y alivia haber podido, años después, agradecerle personalmente. Ahora, lloro su muerte".

Así cuenta a la BBC esta mujer judía, de 73 años, convencida de que de no ser por la ayuda que recibiera de niña, a los 13 años, del sacerdote que se convirtió más tarde en el Papa Juan Pablo II, hoy no estaría con vida.

En 1945 fue liberada del campo de concentración y estaba sola en el mundo, habiendo perdido -sin saberlo con certeza- a toda su familia.

Logró llegar a una pequeña aldea, aún vestida con la ropa a rayas de prisionera, pero nadie le ofrecía ayuda.

"Él me dio fuerzas para vivir"

"De repente aparece una figura de un sacerdote católico, con una sotana marrón, apuesto. En ese entonces tenía 25 años. Me preguntó por qué estoy así sentada y dije que no puedo pararme. Desapareció y me trajo un vaso de té con un platillo abajo, tras años en los que yo comía de una vasija herrumbrada encadenada a mi mano. Y me trajo enormes trozos de pan con queso. ¿Te imaginas? Es como si hoy me trajeran un plato de oro con las tortas más sabrosas del mundo".

Minutos después le dijo que sería mejor irse de allí y tratar de llegar a Cracovia. "Extendió sus manos y me las dio para que me apoye, pero yo me caí. Hacía días que no me movía. Mis piernas no me sostenían. Entonces él me puso a sus espaldas. Era robusto, con aspecto de atleta y simplemente me cargó. Así me llevó más de cuatro kilómetros en la nieve". Era el sacerdote Karol Wojtyla.


Edith Tsirer asegura que cuando salió del campo de concentración estaba muy débil.

"Él me dio fuerzas para vivir. Yo no pensé ni por un momento que estaba con un sacerdote, sino simplemente con un ser humano, con un ángel que Dios me había enviado. No pensé que esa era una persona normal que carga una niña llena de piojos, sucia, rapada, de 29 kilos, fea y la ayuda como él me ayudó. Fue un milagro. Era como si Dios hubiese bajado del cielo".

En 1978, cuando el Cardenal Wojtyla fue electo Papa, Edith estaba sola en su casa en Haifa al leer la noticia y reconocer tanto la foto como los datos biográficos publicados. "Me caí de la silla, me desmayé. Pero la verdad, me pareció muy lógico".

Se reencontró con el Papa en 1997

Recién en 1997 entabló contacto epistolar con el Vaticano y meses después fue recibida allí por el Papa.

"Yo no me arrodillé ni le besé el anillo y él simplemente con sus dos manos, me tomó la mano. El sabía que yo estaba allí. Le dije que había venido especialmente de Israel para agradecerle por haberme salvado en 1945.

El encuentro fue corto pero hice lo que quería hacer, verlo personalmente, tomar su mano y agradecerle".

En marzo del 2000, Juan Pablo II visitó Israel. Y al llegar al Museo Recordatorio del Holocausto, Yad Vashem, en Jerusalén, Idit-Edith como él la conocía- era una de los seis sobrevivientes que le esperaban" (cada uno simbolizando a uno de los seis millones de judíos asesinados por los nazis).

"A mi lado se detuvo largo tiempo y yo le dije que me emocionaba mucho volver a verle. Él me tomó la mano y me abrazó".

Hace pocos meses, como en todos los últimos años, Idit recibió una tarjeta de Navidad del Papa. "Me escribió en polaco, como siempre, en una letra muy difícil de leer. Se notaba que le temblaba la mano. Cuando recibí esa tarjeta, me dije que esa, seguramente, era la última vez".

 

 
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